jueves, 26 de enero de 2017

...y retiemble en sus centros la tierra

Esperé media hora para subirme al tren. El andén estaba lleno y los vagones llegaban saturados cada tres o cuatro minutos.

Esperé media hora para decidirme y arrojarme en frenesí al interior de un carro cuando las puertas se abrieron y hundirme en un mar de sudor y paisanos. Íbamos incómodos pero consecuentes, conscientes de las circunstancias.

Llevábamos pocos minutos así, cuando el inconfundible sonido de un tremendo pedote tronado nos puso a temblar. El estruendo retumbó en mis oídos, aun cubiertos por unos audífonos de los de chicharito.

Mi reacción inmediata fue voltear hacia un fulano con cara de angustia y las orejas coloradas. Le regalé mi mirada de mayor desprecio y murmuré hacia mis adentros mi indignación ante el agravio.

Mi reacción fue exagerada; el pedo ni fue apestoso, pero los demás compañeros de viaje también le echaron miradas hostiles. Más de alguno bufó en desaprobación.

Las puertas del metro se abrieron y bajé apresuradamente; a veces soy el único que baja en San Pedro de los Pinos.

Fui el único en bajar y tomé una bocanada de aire fresco. Miré al tren alejarse por el túnel e irremediablemente solté una carcajada. El del pedo fui yo.

Entre Tacubaya y San Pedro de los Pinos, dirección Barranca del Muerto, martes, 25 de octubre de 2016, alrededor de las 19 hrs.

miércoles, 25 de enero de 2017

Reality

Spotify decidió ponerme de buenas mientras caminaba al final del andén, donde había menos gente esperando al tren. Mis manos empezaron a seguir el ritmo y, sin darme cuenta, bailaba como si nadie me viera. Él me veía.

Era un muchacho de veintipocos años que, intencionalmente, esperaba también al último vagón. Me veía de reojo con cierto gozo y cuando nuestras miradas se cruzaron, me lanzó una sonrisa de complicidad.

No tardé en entender mi situación e hice lo que cualquiera hubiera hecho: le devolví la sonrisa.

Los dos tuvimos un trayecto feliz, riéndonos para nuestros adentros, sin saber jamás lo que pasaba por nuestras mentes. Él tal vez se sintió vencedor, yo sólo me divertí con mis circunstancias.

San Pedro de los Pinos, vagón M0258, dirección El Rosario, miércoles, 25 de enero de 2017, alrededor de las 10 hrs.

Spotify decidió ponerme de buenas...

Yo no te vengo a ofender

-Sí, mira, yo no te vengo a robar ni te vengo a ofender, pero no tenemos dinero y si nos apoyas con una moneda- nos gritaba enojado una y otra vez mientras arrullaba a un bulto, tal vez un bebé, tal vez un cuete. Detrás de él, venían su valedor y una muchacha, los dos igual de correosos y los dos igual de enojados.

-La vida nos dio una familia y no podemos mantenerla, no te vengo a ofender, pero si nos apoyas con una moneda- gritaba todo a pulmón y a todo pulmón, con los ojos inyectados de sangre, desafiante.

-¿Tonz qué, güerito, no me das una moneda?- me dijo mientras acercaba su cara a la mía y dejándome su aliento en cada jadeo.

-No.

-¿Estás seguro?- dijo esta vez más cerca y con una sonrisa perturbadora, como si disfrutara la coerción.

Le di diez pesos.

Entre Constituyentes y Tacubaya, vagón R3248, dirección Barranca del Muerto, martes, 24 de enero de 2017, alrededor de las 20 hrs.